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Experto en Islam: "El principal obstáculo para la práctica de la religión islámica no es el catolicismo, sino el laicismo beligerante"

Fecha de publicación: 06/03/2006 13:17

Lugar: Pamplona

(VERITAS) Tras la crisis surgida en el panorama internacional a raíz de la publicación de unas viñetas del profeta Mahoma en una revista danesa, el Islam sigue ocupando portadas de actualidad. Veritas ha consultado la opinión de un experto en aspectos jurídicos y sociales del Islam en España y en Europa para abordar el tema.

Entre otras conclusiones Iván Jiménez-Aybar afirmó que "la más perfecta compañera de viaje del islamismo radical sigue siendo la marginación social". Este investigador de la Universidad de Navarra, sostuvo también que "el principal obstáculo para la práctica de la religión islámica no es el catolicismo, sino el laicismo beligerante que cada vez con más fuerza
impregna el espacio público".

Durante la entrevista, este experto subrayó como dato curioso que se hable de "inmigración musulmana, pero nunca de inmigración cristiana" y se decantó por "medir la importancia de la presencia de los musulmanes en España a través de criterios como el número de mezquitas, de entidades religiosas inscritas oficialmente o de cementerios musulmanes", y no colgando la "etiqueta de musulmán toda persona que proviene de países donde la religió musulmana es mayoritaria".

Finalmente, sugirió que de forma paralela a la lucha contra la islamofobia -ya emprendida internacionalmente- se afronte también la "lucha contra la cristianofobia en el mundo islámico".

Iván Jiménez-Aybar es doctor europeo en Derecho por la Universidad de Zaragoza es asesor de Naciones Unidas en materia de islamofobia y profesor encargado del Área jurídica del Curso de Experto Profesional en Cultura, Civilización y Religión Islámicas (UNED).

-¿Por qué se ha producido una reacción violenta en algunos países musulmanes a las ya famosas viñetas de Mahoma, mientras apenas se han oído a los musulmanes que residen en países occidentales?

Iván Jiménez-Aybar: Bueno, eso no es del todo cierto. Podemos decir que los musulmanes residentes en Europa han dejado sentir su voz, pero sin recurrir a la violencia. Aunque es preciso recordar que en Londres y en alguna otra ciudad europea se produjeron manifestaciones de miembros de comunidades islámicas que animaban a acabar con la vida de los que habían insultado a su profeta Mahoma, avisando además que Europa se postraría cuando los muyahidines llegaran rugiendo (en clara alusión al sonido de las bombas).

Afortunadamente, ha predominado el sentido común en los representantes de mezquitas y comunidades musulmanas europeas a la hora de referirse a la polémica sobre las viñetas, haciendo llamamientos a la concordia y a un mejor conocimiento y entendimiento entre las diferentes culturas y religiones.

No obstante, si bien los mensajes emitidos por ciertos imames y representantes musulmanes europeos tienden a rechazar el uso de la fuerza, me ha parecido entrever en ocasiones cierta comprensión hacia los episodios de violencia acaecidos en algunos países del ámbito islámico. Pero esto no es nada nuevo, ya que lo mismo ocurre cuando se refieren a Hamás o a la resistencia iraquí. Muy al estilo del lenguaje que cierto sector del nacionalismo vasco que siempre ha utilizado respecto al terrorismo de ETA.

Asimismo, he visto poca autocrítica en esos mensajes en relación a la ausencia de libertad de expresión en el mundo musulmán. Ni han censurado el cierre de periódicos, ni el encarcelamiento de los pocos periodistas valientes que se atrevieron a publicar las viñetas en sus medios.

-¿Diría usted que mientras el fundamentalismo religioso parece afectar sobre todo a los países de mayoría musulmana, en el caso de los musulmanes que emigran se produce más bien un fenómeno de secularización?

Iván Jiménez-Aybar: Quizá se podía decir eso hace unos pocos años, aunque los atentados de Madrid y Londres obligan a hilar más fino.

Es obvio que la práctica del Islam no sólo viene condicionada por la obediencia a la propia ley islámica, sino también por el contexto donde aquella se desarrolla. Lejos de sus países de origen, muchos musulmanes no sienten el peso del control social que a veces obliga a observar determinados ritos. Además, no hay que olvidar que, para un musulmán, practicar su fe en Europa no está exento de dificultades, sobre todo teniendo en cuenta que determinados aspectos de su religión chocan frontalmente con el orden público.

Si bien es cierto que la presión es menor en un contexto migratorio, también lo es que, conforme una comunidad musulmana se va implantando en un determinado lugar, también pone en marcha su propio sistema de solidaridad social intragrupal que facilita el mantenimiento de las pautas religiosas y culturales del país de origen.

Por otro lado, hay que desterrar ese cliché que nos lleva a dar por supuesto que todos los musulmanes son fervorosos practicantes. A muchos les sorprendería comprobar, por ejemplo, la baja tasa de asistencia de los jóvenes a la oración de los viernes en las mezquitas de Marruecos, Argelia o Túnez.

No obstante, conviene tener en cuenta un fenómeno que cada vez se produce con mayor frecuencia: jóvenes que en sus países de origen estaban alejados de la religión, cuando llevan un tiempo viviendo en Europa comienzan a frecuentar la mezquita y a entrar en los círculos de un islamismo de corte radical. En muchas ocasiones, los reclutadores tienden sus redes en aquellos barrios donde se concentra un mayor número de población proveniente del ámbito musulmán, intentando captar a los jóvenes inadaptados que viven al borde de la marginación social (algunos de ellos son ya delincuentes), convirtiéndolos en fervorosos islamistas.

Por otro parte, también hay que decir que muchos de los jóvenes que se integran en estos círculos son personas perfectamente integradas en su entorno, que llegan al islamismo a través de libros o páginas web donde se alimenta el odio a Occidente. Pero, sin lugar a dudas, la más perfecta compañera de viaje del islamismo radical sigue siendo la marginación social.

-¿Qué rasgos definen al "Islam español"?

Iván Jiménez-Aybar: El rasgo principal que le define es su heterogeneidad, si bien es cierto que lo que podríamos denominar el Islam inmigrado es la presencia mayoritaria y más importante. También cabe destacar el Islam nacionalizado, grupo formado tanto por aquellos inmigrantes procedentes de Palestina, Jordania y Siria (sobre todo) que vinieron a España a estudiar en las décadas de los 60-70, como por aquellos otros que vinieron sobre todo de Marruecos y adquirieron la nacionalidad durante los 80 y los 90.

En tercer lugar, cabe destacar el Islam converso (o neomusulmanes), cuya importancia es más cualitativa que cuantitativa. Al no tener que sufrir el obligado proceso de integración inherente a todo proceso migratorio, su capacidad para interactuar con la sociedad civil y con las autoridades públicas es mucho mayor que la de las comunidades formadas por inmigrantes. Aunque hoy en día el fenómeno de las conversiones está cada vez más extendido, podemos afirmar que su nacimiento está ligado a Andalucía y al intento de rememorar el esplendor de la civilización de Al-Ándalus. Este dato explica por qué el fenómeno converso tiene más pujanza y un mayor sustento ideológico en nuestro país que en otros del contexto europeo.

Por último, no nos debemos olvidar el conocido como Islam de las embajadas, fruto de las cada vez más importantes y numerosas inversiones que determinados países islámicos (en especial Arabia Saudita, Egipto, algunos Emiratos Árabes, Marruecos y Libia) realizan en nuestro país, casi siempre en forma de grandes mezquitas o en subvenciones a pequeñas comunidades esparcidas por nuestro territorio.

Además, hay muchas diferencias internas, pero no vienen marcadas por diferencias ideológicas insalvables. La primera diferencia viene determinada por el origen geográfico de los musulmanes que residen en España. Los sirios, jordanos, palestinos, árabes, etc., van por un lado. Los magrebíes por otro. Y, por supuesto, los musulmanes procedentes del África subsahariana suelen conformar grupos con poca permeabilidad hacia el exterior (es fácil ver, por ejemplo, mezquitas a las que sólo van senegaleses, o gambianos). Sin olvidarnos de los conversos, los cuales son vistos en ocasiones como extraños por los demás grupos, dadas las diferencias culturales, raciales y lingüísticas existentes.

En segundo lugar, hay que tener muy presente que la lucha que ciertos países islámicos mantienen por hacerse con el control del Islam europeo se trasladan a nuestro país en forma de conflictos entre comunidades (en muchas ocasiones en una misma localidad) y peleas intestinas en el seno de la estructura institucional del Islam español.

-¿Qué factores han producido la "eclosión" del fenómeno islámico en España en los últimos años?

Iván Jiménez-Aybar: La eclosión se ha producido en los últimos quince o veinte. La bonanza económica que vive España ha provocado que aquella inmigración que comenzó a venir con cierta fuerza en la segunda mitad de la década de los ochenta y que se intensificó en los noventa, se haya asentado definitivamente en nuestro país. Además, a ella se le ha unido otros miles de inmigrantes procedentes de países europeos (sobre todo de Francia y Bélgica) que han visto en España una segunda oportunidad de salir adelante.

Superada ya la primera fase del proceso migratorio, en la que la búsqueda de vivienda y trabajo son los objetivos principales, los musulmanes se han ido organizando comunitariamente con el objetivo de practicar su religión, pidiendo además a las administraciones públicas competentes que pusieran todos los medios a su alcance para facilitar tal deseo.

A este respecto, las grandes protagonistas han sido (y son) las asociaciones islámicas locales. Fueron las principales protagonistas de la firma en 1992 del Acuerdo de cooperación entre el Estado y la denominada Comisión Islámica de España (CIE), conformada por dos grandes federaciones -la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) y la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE)- que agrupan a su vez a cientos de esas asociaciones. En este Acuerdo se regulan una serie de cuestiones atinentes a la organización y práctica de la religión islámica en España, como, por ejemplo, el estatuto jurídico de las mezquitas y de los imames, la alimentación halal en colegios y centros de internamiento, los efectos civiles del matrimonio celebrado según el rito musulmán, los enterramientos y cementerios islámicos, la práctica del Islam en el ámbito laboral o la enseñanza de esta religión en escuelas públicas y centros privados concertados.

La puesta en marcha de este Acuerdo ha favorecido sobremanera el proceso de institucionalización del Islam en nuestro país, toda vez que implica la cooperación entre las entidades religiosas y las autoridades públicas estatales y autonómicas. Asimismo, el que sólo se aplique el Acuerdo a las comunidades pertenecientes a la CIE que consten inscritas en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, ha provocado que multitud de asociaciones que desarrollaban su labor de modo invisible, hayan optado por formar parte del que podemos denominar Islam oficial, haciéndose visibles a los ojos de las administraciones públicas competentes y convirtiéndose en sus interlocutores.

-¿Qué importancia tiene la convivencia de musulmanes y católicos en España?

Iván Jiménez-Aybar: De primer orden. Sobre todo ahora que desde ciertos grupos de opinión se pretende resucitar el espíritu de las cruzadas y el miedo hacia lo musulmán.

El diálogo y el conocimiento mutuo son imprescindibles para que podamos convivir en paz. En mi opinión, la palabra clave es respeto. Y, para que los musulmanes sean respetados, deben comenzar por respetar ellos la cultura, la idiosincrasia y las normas de la sociedad que les acoge. En este sentido, solicitar la retirada de los crucifijos de las paredes de determinados espacios públicos, pedir que no se canten villancicos o se monte el belén durante la Navidad en escuelas públicas, o pretender que se retiren representaciones artísticas y símbolos varios que hacen referencia a la reconquista, suponen ataques directos contra la Iglesia Católica o, cuando menos, agravios hacia la cultura cristiana que impregna nuestro ser como país. Son hechos aislados, de acuerdo, pero envician sobremanera la convivencia.

Por otro lado, en el contexto de una sociedad cada vez más secularizada en la que la religión está siendo apartada por mor de una malentendida laicidad, el diálogo entre las personas de fe se antoja fundamental. Se trata de buscar puntos en común para ofrecer también soluciones comunes a los males que aquejan a nuestro mundo. Para empezar, conviene dejar de verse mutuamente como una amenaza para el otro. La mayoría de los musulmanes no pretenden destruir nuestra civilización ni nuestro sistema de valores. En contrapartida, el principal obstáculo para la práctica de la religión islámica no es el catolicismo, sino el laicismo beligerante que cada vez con más fuerza impregna el espacio público. Por ejemplo, no es casualidad que los colegios que más y mejor respetan cuestiones como la alimentación halal o los ritos y festividades islámicas sean los concertados católicos. Por tanto, hay que seguir explorando la vía del diálogo interreligioso.

-¿Hay datos fiables del número de practicantes musulmanes en nuestro país?

Iván Jiménez-Aybar: No los hay, y me sorprende la tranquilidad con la que algunas personas -no sólo musulmanes, sino también periodistas e investigadores- los ofrecen. Sin embargo, es difícil de contestar, sobre todo porque nuestro ordenamiento jurídico impide hacer un censo de número de practicantes de una religión.

Cuando se cuantifica la presencia de los musulmanes en España, sólo se suele tener en cuenta a los inmigrantes procedentes de países del ámbito islámico, sin percatarse que algunos de ellos son cristianos (los que vienen de Palestina, Siria o Jordania, por ejemplo), o que pueden ser personas no practicantes o sin apego a religión alguna. Asimismo, esas cifras tampoco suelen incluir ni a los nacionalizados ni a los españoles conversos. Por tanto, son incompletas y alterables a nuestro antojo.

Por otro lado, es curioso resaltar que se habla de inmigración musulmana, pero nunca de inmigración cristiana. A los que vienen de Marruecos se les denomina con frecuencia inmigrantes musulmanes, pero a los que vienen de Ecuador nadie les llama inmigrantes cristianos. Es decir, se cuelga con extrema facilidad la etiqueta de musulmán a toda persona que proviene de países donde la religión islámica es mayoritaria. Esto no es científico.

Yo me decanto por medir la importancia de la presencia de los musulmanes en España a través de otros criterios, como, por ejemplo, el número de mezquitas, de entidades religiosas inscritas en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, de cementerios musulmanes (o de parcelas reservadas a tal efecto dentro de los cementerios públicos) o la cifra de alumnos solicitantes de la asignatura de religión islámica en las escuelas.

-¿Qué puede hacerse a nivel de política internacional para que los Estados musulmanes respeten la libertad religiosa de la que gozan los musulmanes que viven en Europa?

Iván Jiménez-Aybar: Tras los atentados del 11-S y la extensión de la amenaza del islamismo, la presión diplomática de diversos países ha conseguido que en algunos estados musulmanes se vigile mucho más de cerca la actividad de ciertos grupos radicales, imponiéndolo muchas veces como condición para seguir manteniendo determinados intercambios comerciales. En este sentido, la cuestión de la libertad religiosa de los no musulmanes en suelo islámico debe integrarse en esa agenda estratégica.

Por otro lado, la intervención de Naciones Unidas se me antoja fundamental. A lo largo de los últimos años varios países musulmanes han reclamado que la ONU se implicara con mayor intensidad en la lucha contra la islamofobia. Ya se ha conseguido. De hecho, yo mismo formo parte de un comité de asesores constituido a tal fin. Durante nuestra última reunión de Sevilla, algunos de nosotros conseguimos que se incluyera en la agenda de trabajo la lucha contra la cristianofobia en el mundo islámico, tras aportar numerosas pruebas al respecto.

Es urgente que los musulmanes hagan primero autocrítica y den después ejemplo, promoviendo profundos cambios legislativos en sus respectivos ordenamientos jurídicos. Sólo de este modo estarán legitimados para pedir respeto a sus creencias. Si así se hace, será el momento de hablar de alianzas de civilizaciones; pero no antes...

(AV06030602)

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